Camino de Imperfección

De mal en peor, y de la gloria a la vulgaridad.

03/06/2007

Personalidad vendemotos

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Puede que exista.

Tal vez, los otros, no es que imaginen gratis. Tal vez es que haya un carácter que incite a los demás a "darte por hecho". Que haya características ambiguas, multinterpretables; o características que parecen vedarle a alguien la debilidad, el fallo, la malicia. Puede que uno, no sea consciente de tener la habilidad de venderse a sí mismo, y le sorprenda lo efímero, el fin de su éxito interpersonal.

Quizás el análisis sea una neura (la contraria a la de creer que todos tergiversan). O el viejo concepto de la complacencia: quien no sabe o no quiere evitar actuar causando agrado. Y luego, a uno le imaginan como les es familiar o conviene. Se resulta un globo que se desinfla. Aparentaste un cisne, y eras un pato.

23/03/2007

Proyección programada para las dos, la dos, los dos...

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Es curioso cómo a veces es imposible huir de las proyecciones y programaciones en uno.

A uno le engendran, y ya la genética decide que nacerá en 9 meses (si es persona, sin menospreciar a nadie). Pero dónde no llega la naturaleza, llega el hombre, y entonces administra fármacos estimulantes que te citen al parto en plena sesión cinematrográfica nocturna ("Ben-hur" nunca fue una buena elección para cuando se pone alguien de parto...)

Y así es como da inicio una vida presionada por las expectativas. Para los dos, dejará ver un carácter abierto, curioso, vivaracho, simpático. Para los diociocho una madurez que le haga elegir con acierto su futuro. Para los veinticinco, un curriculum prometedor y un horizonte sentimental y social, ilusionante.

Cuando entonces irrumpe el otro en la vida de uno. Ese otro que tiene sus espectativas de vida, y ve en ti la pantalla nítida en que proyectar sus deseos. Un otro que planifica unilateralmente en su imaginación, que te da un papel principal en su película, que te traduce según sus requerimientos.
Otros así, son inconscientes de desconocerte, de concebirte y quererte libre en tus propósitos.

25/01/2007

Ese mandato: las mentiras

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Es obligado mentir.
Es pecado. Es delito.

Qué gran mito la mentira, si se sublima como si se asume a modo de ofensa.
Supongo que creo en la mentira como herramienta y no como religión ni arte (bueno, en arte, un poco sí); en el embuste como suceso y no como artimaña.

Observo y provoco situaciones y reacciones que parecen enfrentadas.

Produce enojo, el engaño interesado que a uno perjudica por parte de a quien beneficia. Pero la mentira piadosa es justificable, misericordiosa...: nada nos va en ello, pero a quien se dirije se le evitan disgustos o molestias.

Es un arte y de qué se puede acusar a quien falsea porque "¿qué otra cosa puedo decirte si, al fin y al cabo, esas fealdades no intervienen en la armonía del momento?".
Pero existe también la mentira inconsciente (no creo que compulsiva): uno emite una sentencia categórica y sincera sobre su persona, ideología, trayectoria..., cuando, puede que más tarde, con suerte (no sé si buena o mala), caiga en la cuenta de una o más excepciones (que que no me vengan a mí diciendo que confirman la regla o me lo expliquen).

Y como la mentira se asume como una ofensa, un delito, un pecado, entre la mayor parte de tiempos y gentes, se entreve o intuye una exigencia  de ella: "¡Encima tendrá la desfachatez de decirlo!".
Un trabajador oculta un error en el desempeño de su tarea y su jefe espera que sea así para tener el derecho de poderle abroncar.
En tal caso, es de proponer la verdad como rebelión: "Estimado señor explotador... de recursos humanos: se ha averiado entre mis manos el equipamiento valorado en mil euros y es lo que hay. Estas cosas pasan...".
Este "anda y que te ondulen, asume la realidad sin pataletas" es extensible a otros ámbitos.

La cruz (literal y metafóricamente) de esta moneda es la mentira u ocultación como abuso de poder. Un gobierno o un médico no pueden ocultar información a sus ciudadanos o pacientes. Por la no alarma social, o por evitar un estado de ansiedad, no se tiene derecho a no dar acceso a la información del interés de uno, que ese mismo uno le ha depositado.

18/12/2006

Extremagnosis

Sólo el silencio, el vacío y la nada, interrumpidos ocasionalmente por un tono agudo, limpio, conciso, que emerge hasta el techo para otear la estancia.

- Algo húmedo me resbala por la sien. Ya estamos. Otra vez. Hacía la pila de años... En cambio esta vez es algo más untoso, no es simple agua.

- ...para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad.

- ¡Pero qué coños está haciéndo! ¡Atrás!

- Ave María purísima (sin pecado concebida)

- Evíteme discusiones, por favor.

- Ésto es un milagro, hija mía.

- ¿Y usted de dónde ha cogido la vela para este entierro?

- Desvaría, sin duda. Salgo a...

- Usted no sale a ninguna parte. Un momento:

- ¡Oh, Dios, hija, hija!

- Le parecerá que no estoy en condiciones de amedrentar a nadie, pero...

- ¡Un milagro, Dios Santo, un milagro!

- Haga el favor de dejarse de comodines, triste esperpento de ficha de dominó. Perdón.

Un discreto silencio que, por falta de tiempo o de atención, no reconocemos como igual o diferente del silencio anterior.

- Usted y yo no nos conocemos ¿no es así? Bien (al asentimiento del interlocutor). Sin embargo, no ha dudado en acudir, no sé muy bien si por conocimiento o convencimiento figurado de mis pecados que precisan de su delegado perdón.
Yo también haré algo por usted, por usted y los suyos, por usted y esos que no soy yo y que creen no ser yo y sí ser de los suyos.
Voy a hacer una cosa. Se lo voy a explicar. Para usted y... esos, los suyos, incluído usted, supongo.

Verá. Mis últimos años han sido inmejorables, incluso ahora, sí, así y aquí dónde me ve. Nada me tranquiliza más que las mínimas molestias de mi vegetar. No hay sosiego mayor que el precipicio de mi salud. Hasta aquí, vida y desde aquí, muerte. Radical, tajante existencia.

-(No importa)


- Esa minoría de mi vida es suficientemente satisfactoria. Podemos usted y los suyos, y yo, concluir un balance venial para ella.
He hecho cosas contra la rectitud social y católica, por pura casualidad, o por incredulidad inocente y ya más tarde por un escepticismo provocador. De entre mis acciones insurrectas y no, nunca di mayor trascendencia a mis aciertos y errores, no pensé dos veces sobre ello. ¿Hay quién me diga que en algo me equivoqué, delinquí, pequé, triunfé o bienobré?

-(No importa)


-No. No me arrepiento de mi trayectoria defectuosa. Lejos de ello, al contrario, puedo enorgullecerme de haberla trazado así. Ni de la de otros. Y lo cierto es que no entiendo quién puede juzgar la de nadie. Me resulta inconcebible que catalogue -aun en el supuesto de que supiera de ella- mi vida, que se erija en el perdonador de mis fallos, goces y maldades. Permítame albergar la fe sin fundamento, de que usted cree en lo que promulga entre cientos.

Usted y yo sabemos qué hace aquí, quién le ha traído. A los que usted pertenece hicieron el chiste hace años. Ya nada que reparar, si acaso el parche que voy a pedirle.
Cuando cierre esa puerta tras de sí, como siempre, el paciente habrá quedado muy sereno, como realmente quedo. Ellos quedarán reconfortados al saberlo, del modo en que merecen. Usted les dará lo que ahora ya precisan: tranquilidad, salvación. Esa es la garantía pactada del magno invento. Y no tendrán noticia de mi renegar, de mi desprecio al redimir. Ha de proporcionarles el convencimiento de las deudas saldadas. Pero de sus principios y objetivos yo no sé.
Ahora sí, salga, hable.

25/11/2006

Ejercicio preparatorio al fin de fiesta

¡Qué bien estaría que pensar en la muerte no fuera un “corta-pedos”!
Me gustaría que el final inminente no tuviera más transcendencia que una cita fallida y no posponible, que un proyecto fracasado, que un deseo frustrado. Sin secuelas emocionales. Simples contratiempos aunque insalvables. Quiero mentalizarme de que no pasa nada. Morir no es grave, es definitivo.

No quiero dejarme llevar por la alarma social del trauma de la falta de algo de tí (aunque fuera la de algo tan incómodo como la menstruación), por el pánico a sufrir dolor.
Se puede aguantar un dolor sostenido, se pueden soportar las embestidas de los dolores punzantes, cabe ser capaz de contemplar la aguja atravesando la piel y la carne, llenarse la jeringa de sangre o vaciarse de alguna sustancia curativa. El cuerpo y el resentimiento se acomodan a la pérdida de un disfrute.

Necesito la misma mentalidad desmitificadora; de la vida, de la muerte, de la salud, el dolor, el sufrimiento, el abandono, el odio, el amor, la utilización...
Es paralizante un entorno de plañideros absurdos que se centran en tu morir, en tu dolor, tu mala suerte biográfica, tu no futuro, las paradojas o profecías de tu pasado... tu ser, reanalizado, reinterpretado.
Y a uno le tienta fantasear con ser un cadáver insigne para alguien, para la historia, para sí mismo.

Un muerto; que es él o lo soy yo. El fin del ciclo, sin más. Como aquello de “las cucarachas (salvando las distancias, deseo) nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Igual de asimilable.
Uno no puede ya calzar aquellos zapatos del 27 (talla), y lo traga. Uno deja de pagar medio billete de autobús, y lo lleva bien. Y uno... “se llamaba”, ya ni siquiera se da cuenta de ese “aba” y ni lo puede echar de menos. No pasa nada.

Ciertamente, nos obsesionamos en exceso por lo que es inevitable, previsible y natural.
Quiero grabarme este básico pensamiento: “Desapareceré, desaparecerá”





 

 
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