Camino de ImperfecciónDe mal en peor, y de la gloria a la vulgaridad. |
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Personalidad vendemotos![]() Puede que exista. Tal vez, los otros, no es que imaginen gratis. Tal vez es que haya un carácter que incite a los demás a "darte por hecho". Que haya características ambiguas, multinterpretables; o características que parecen vedarle a alguien la debilidad, el fallo, la malicia. Puede que uno, no sea consciente de tener la habilidad de venderse a sí mismo, y le sorprenda lo efímero, el fin de su éxito interpersonal. Quizás el análisis sea una neura (la contraria a la de creer que todos tergiversan). O el viejo concepto de la complacencia: quien no sabe o no quiere evitar actuar causando agrado. Y luego, a uno le imaginan como les es familiar o conviene. Se resulta un globo que se desinfla. Aparentaste un cisne, y eras un pato. Proyección programada para las dos, la dos, los dos...![]() Es curioso cómo a veces es imposible huir de las proyecciones y programaciones en uno. A uno le engendran, y ya la genética decide que nacerá en 9 meses (si es persona, sin menospreciar a nadie). Pero dónde no llega la naturaleza, llega el hombre, y entonces administra fármacos estimulantes que te citen al parto en plena sesión cinematrográfica nocturna ("Ben-hur" nunca fue una buena elección para cuando se pone alguien de parto...) Y así es como da inicio una vida presionada por las expectativas. Para los dos, dejará ver un carácter abierto, curioso, vivaracho, simpático. Para los diociocho una madurez que le haga elegir con acierto su futuro. Para los veinticinco, un curriculum prometedor y un horizonte sentimental y social, ilusionante. Cuando entonces irrumpe el otro en la vida de uno. Ese otro que tiene sus espectativas de vida, y ve en ti la pantalla nítida en que proyectar sus deseos. Un otro que planifica unilateralmente en su imaginación, que te da un papel principal en su película, que te traduce según sus requerimientos. Ese mandato: las mentiras![]() Es obligado mentir. Qué gran mito la mentira, si se sublima como si se asume a modo de ofensa. Observo y provoco situaciones y reacciones que parecen enfrentadas. Produce enojo, el engaño interesado que a uno perjudica por parte de a quien beneficia. Pero la mentira piadosa es justificable, misericordiosa...: nada nos va en ello, pero a quien se dirije se le evitan disgustos o molestias. Es un arte y de qué se puede acusar a quien falsea porque "¿qué otra cosa puedo decirte si, al fin y al cabo, esas fealdades no intervienen en la armonía del momento?". Y como la mentira se asume como una ofensa, un delito, un pecado, entre la mayor parte de tiempos y gentes, se entreve o intuye una exigencia de ella: "¡Encima tendrá la desfachatez de decirlo!". La cruz (literal y metafóricamente) de esta moneda es la mentira u ocultación como abuso de poder. Un gobierno o un médico no pueden ocultar información a sus ciudadanos o pacientes. Por la no alarma social, o por evitar un estado de ansiedad, no se tiene derecho a no dar acceso a la información del interés de uno, que ese mismo uno le ha depositado. ExtremagnosisSólo el silencio, el vacío y la nada, interrumpidos ocasionalmente por un tono agudo, limpio, conciso, que emerge hasta el techo para otear la estancia. - Algo húmedo me resbala por la sien. Ya estamos. Otra vez. Hacía la pila de años... En cambio esta vez es algo más untoso, no es simple agua. - ...para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. - ¡Pero qué coños está haciéndo! ¡Atrás! - Ave María purísima (sin pecado concebida) - Evíteme discusiones, por favor. - Ésto es un milagro, hija mía. - ¿Y usted de dónde ha cogido la vela para este entierro? - Desvaría, sin duda. Salgo a... - Usted no sale a ninguna parte. Un momento: - ¡Oh, Dios, hija, hija! - Le parecerá que no estoy en condiciones de amedrentar a nadie, pero... - ¡Un milagro, Dios Santo, un milagro! - Haga el favor de dejarse de comodines, triste esperpento de ficha de dominó. Perdón. Un discreto silencio que, por falta de tiempo o de atención, no reconocemos como igual o diferente del silencio anterior. - Usted y yo no nos conocemos ¿no es así? Bien (al asentimiento del interlocutor). Sin embargo, no ha dudado en acudir, no sé muy bien si por conocimiento o convencimiento figurado de mis pecados que precisan de su delegado perdón. Verá. Mis últimos años han sido inmejorables, incluso ahora, sí, así y aquí dónde me ve. Nada me tranquiliza más que las mínimas molestias de mi vegetar. No hay sosiego mayor que el precipicio de mi salud. Hasta aquí, vida y desde aquí, muerte. Radical, tajante existencia. -(No importa)
-(No importa)
Usted y yo sabemos qué hace aquí, quién le ha traído. A los que usted pertenece hicieron el chiste hace años. Ya nada que reparar, si acaso el parche que voy a pedirle. Ejercicio preparatorio al fin de fiesta¡Qué bien estaría que pensar en la muerte no fuera un “corta-pedos”! No quiero dejarme llevar por la alarma social del trauma de la falta de algo de tí (aunque fuera la de algo tan incómodo como la menstruación), por el pánico a sufrir dolor. Necesito la misma mentalidad desmitificadora; de la vida, de la muerte, de la salud, el dolor, el sufrimiento, el abandono, el odio, el amor, la utilización... Un muerto; que es él o lo soy yo. El fin del ciclo, sin más. Como aquello de “las cucarachas (salvando las distancias, deseo) nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Igual de asimilable. Ciertamente, nos obsesionamos en exceso por lo que es inevitable, previsible y natural. |
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