Camino de ImperfecciónDe mal en peor, y de la gloria a la vulgaridad. |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006. ExtremagnosisSólo el silencio, el vacío y la nada, interrumpidos ocasionalmente por un tono agudo, limpio, conciso, que emerge hasta el techo para otear la estancia. - Algo húmedo me resbala por la sien. Ya estamos. Otra vez. Hacía la pila de años... En cambio esta vez es algo más untoso, no es simple agua. - ...para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. - ¡Pero qué coños está haciéndo! ¡Atrás! - Ave María purísima (sin pecado concebida) - Evíteme discusiones, por favor. - Ésto es un milagro, hija mía. - ¿Y usted de dónde ha cogido la vela para este entierro? - Desvaría, sin duda. Salgo a... - Usted no sale a ninguna parte. Un momento: - ¡Oh, Dios, hija, hija! - Le parecerá que no estoy en condiciones de amedrentar a nadie, pero... - ¡Un milagro, Dios Santo, un milagro! - Haga el favor de dejarse de comodines, triste esperpento de ficha de dominó. Perdón. Un discreto silencio que, por falta de tiempo o de atención, no reconocemos como igual o diferente del silencio anterior. - Usted y yo no nos conocemos ¿no es así? Bien (al asentimiento del interlocutor). Sin embargo, no ha dudado en acudir, no sé muy bien si por conocimiento o convencimiento figurado de mis pecados que precisan de su delegado perdón. Verá. Mis últimos años han sido inmejorables, incluso ahora, sí, así y aquí dónde me ve. Nada me tranquiliza más que las mínimas molestias de mi vegetar. No hay sosiego mayor que el precipicio de mi salud. Hasta aquí, vida y desde aquí, muerte. Radical, tajante existencia. -(No importa)
-(No importa)
Usted y yo sabemos qué hace aquí, quién le ha traído. A los que usted pertenece hicieron el chiste hace años. Ya nada que reparar, si acaso el parche que voy a pedirle. |
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