
Una breve ocurrencia para explicar mi superstición de por qué creo que reincidimos, incluso para nuestro perjuicio:
Sentirnos vivos es revivir nuestra historia.
Si viví mortificada por el desprecio
y eso me reconcomió, me rebeló, pero sentí hasta lo más hondo de mis entrañas,
mis corazonadas me devolverán mis acosadores.
Si intuí problemas, y aún así, tomé las decisiones que iban a buscarlos,
torrentes de emociones, preocupaciones, culpas y alivios,
corrieron por mis vísceras.
Si hubiera experimentado el reconocimiento, las demostraciones de afecto, el apoyo, la confianza,
me atraería carcajadas de vida que harían palpitar mis venas.
Pero queremos saber que vivimos, como lo hicimos los días de atrás,
allá cuando fuimos desgraciados,
allá cuando fuimos felices.